En trance…

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Ciertamente son muchas las cosas que se aprenden en soledad…

Si estás perdido, consigues tener el tiempo suficiente para encontrarte con esa parte de ti que se había extraviado, y puedes a su vez, lograr fundir en un sólo ser aquello que fuiste, lo que eres, lo que nunca volverás a ser, y lo que siempre serás… Porque solamente en ésta reconciliación es en donde radica la gran sabiduría de ser, no ser, y seguir siendo.

Puede sonar todo como un trabalenguas, e incluso puede que esto se llegue a confundir, y probablemente ni siquiera se alcance a comprender… Pero que más da, la vida sigue igual, y es un regalo unipersonal…

Como la vida es propiedad exclusiva de cada ser humano, se puede llegar a hacer de la misma todo aquello que se nos plazca; porque sólo nos pertenece a nosotros. Pero como en todo cuento de hadas, también existen esos pequeños detalles que hacen de lo simple, algo un poquito complejo, por así decirlo. Y es que siempre, aunque estemos conscientes de que cada quien tiene su propia vida, no nos basta, y buscamos con quien compartir la nuestra… Nos sembramos, anclamos raíces, echamos frutos, florecemos en cada primavera y somos testigos del duro golpe que sufre una hoja, cuando el otoño se encarga de aventarla contra el suelo.

Entonces… Y sólo por esos diminutos detalles, caemos en la más real de todas las conclusiones, y es que: Con cualquier decisión u actitud podemos llevarnos el mundo por delante, porque se trata de nuestra vida; pero jamás lograremos con eso, arrastrar a todos a nuestro mundo, ni siquiera porque se trate de nuestra vida.

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En dos tazas de café…

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Al fin llegó, se acomodó inmediatamente en el lugar que aparté para ella… No la veía desde nuestro último encuentro, justamente aquí, en este Café.

Pero en esta ocasión la noté distinta… Un brillo en sus ojos iluminaba su mirada… Y un intenso carmín adornaba sus labios, que sonrientes mostraban una inmensa alegría.

Confieso que me sentí algo confusa, no era la misma persona que vi en esta mesa, hace ya unos meses atrás… Me preguntaba por dentro, si es que en verdad era ella… Y me alegraba contestarme viendo que era real.

Tomamos café y hablamos un largo rato… Aún no me había dicho la razón de su felicidad… Yo como siempre respetando su espacio, no pregunté nada y la traté de la manera más natural.

Me interrumpió por un momento y alzando su taza, aún con café, me dijo: Toma la tuya y vamos a brindar… Sonreí, y en voz baja le dije: Qué estás haciendo?. Me dijo: Sólo brindo, no lo ves?. Dije: Si. Pero aún no sé por qué?.

Dijo: Quiero brindar por éste día, por estas dos tazas de café… Brindar solamente porque el sol, ha vencido al amanecer… Quiero brindar porque al fin he perdonado… Porque la sonrisa a mis labios ha vuelto otra vez… Brindar por las lecciones aprendidas del pasado… Brindar porque vivo, porque existo y porque en cada día siento que vuelvo a nacer.

Alcé la mia también, y la acompañé… Un brindis, nueva vida y dos tazas de café.

Buscando una razón…

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Y es que el problema no es encontrar una razón, porque razones siempre hay de más…

Insistentemente vivimos deseando que llueva si el día esta muy soleado… Sólo por el hecho de que sentimos calor… En cambio si llueve añoramos que salga el sol.

Y es que siempre es así; sin importar cómo, sin importar qué… Buscamos siempre una razón para amarrarnos a la vida o para desprendernos de ella. Y mientras buscamos motivos, el tiempo pasa, la vida sigue y terminamos encontrando lo perdidos que estamos.

Nunca estamos conformes… Contemplamos con admiración la belleza del mar, pero nos aterra la idea de entrar al agua.

Nos miramos al espejo y notamos que no nos estamos haciendo mas jóvenes… Que hace apenas un segundo el hoy pasó a ser parte del ayer, y que todo lo que tenemos se llama AHORA… Entonces dejamos de buscar la razón, y los motivos van perdiendo valor… Porque sólo queremos vivir.

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Y todo se aclara…

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Nos llegamos a sentir claros cuando de repente notamos que, todo aquello que en algún momento despertó en nosotros algo parecido al odio; todo lo que hizo que naciera el amor; todo eso que no salió como queríamos; toda esa gente que nos hicieron felices, aquellas que nos decepcionaron… Son justamente las cosas que nos han puesto en el lugar que ocupamos en el día de hoy… Y sólo por estar en éste día, somos más que bendecidos.

Entonces descubrimos que escapar no es la solución, ni siquiera es una buena alternativa… Entendemos que debemos quedarnos, dar la cara al presente y saber que todo lo nuevo (personas, cosas y momentos) sólo lo será por un momento… Que todo y todos pasan.

Llegamos al punto en donde todo luce como una moneda, que siempre tiene dos lados… Y estará en nosotros mismos, saber cual queremos asumir.

Calamos en nuestro interior y comprendemos que lo que sentimos sólo nos afecta a nosotros mismos… Pero lo que hacemos, acaba impactando todo a nuestro alrededor. Que la amistad es una fraternidad eterna; y que el amor es una amistad en llamas.

Nos aclaramos cuando descubrimos que la vida normalmente está llena de matices grises, y que si vivimos insistiendo entre blanco o negro, siempre vamos a ser infelices… Que de una forma u otra siempre estaremos con quienes amamos… Que debemos elegir el camino, antes de que éste nos elija a nosotros …Y que finalmente, vivir es sólo un viaje que comienza en nuestro corazón.

El tiempo y su andar…

El tiempo y su andar

Hazte amigo del tiempo, pues este es el único que en lo adelante podrá revelarte las razones de cosas que ahora carecen de sentido ante ti.

No desees volver el tiempo atrás, cada momento tuvo su tiempo… Y cada minuto del mismo cumplió su misión.

Es importante conocer el valor del tiempo mientras lo tienes presente; pues una vez que este decide partir, no escucha razones para quedarse. Tampoco te dice hacia a donde va. El tiempo se marcha sin mirar atrás.

El tiempo como caminante indetenible sólo sigue hacia adelante, no hay descanso en su andar… Arrastra todo a su paso, y no regala ni un segundo extra para explicar.

Sin importar lo que llegues a pensar, el tiempo se hace indiferente a lo que sientes… Él sólo sabe que debe continuar. Su camino es demasiado largo y detenerse no está en su plan.

Vive el tiempo que en tus manos está, el segundo que ahora vives, será el que  recordarás, al minuto de saber, que hoy era simplemente, el mañana del ayer.