Retorno colateral…

cafe 40

Un día se marchó…

Se fue sin equipaje y se dejó arrastrar por el tiempo, así como hoja de otoño que lleva el viento.

Sabía que no había razones para quedarse, mucho menos para detenerse  en el camino…

Entonces la que dejó en su lugar, le reclamaba a lo lejos su inconcebible actitud… No podía asimilar lo que había encontrado, y entre los escombros trataba de reconstruir lo poco que había quedado.

Y fue entonces cuando al final de esa dura jornada, pudo continuar en paz; ya no había resentimientos… La había comprendido.

Le perdonó los años en los que la mantuvo cautiva cuando quería aire fresco, las tantas lágrimas cuando debió sonreír, callarse cuando necesitó hablar, el no cerrar puertas que no la llevaban a ninguna parte, dejarse en un último plano cuando merecía el primer lugar… Y amarse a sí misma, cuando todos fingían hacerlo.

La otra por su parte se fue tan lejos, que un día quiso regresar a enfrentar lo que había abandonado, y no supo cómo hacerlo porque el tiempo había borrado sus huellas.

A distancia y en silencio se contempla… Se mira al espejo buscando un rasgo de familiaridad y sólo ve sombras de aquella que fue.

Publicado en Versos en un sorbo

Antología…

Antología

Y contemplaba la luna cuando el sol galantemente le cedió el paso a esa noche que apenas comenzaba…  Su resplandor acarició mi rostro y no pude contener el deseo de sentirte aquí…

Recostada en aquel viejo sofá, recordé las tantas madrugadas de aquel abril, cuando los besos aún eran frescos, así como las primeras flores de mayo.

El aroma a café recién tostado que emanaba de tu piel, embriagaba mi ser y hacía rebosar mi locura.

Era deliciosa aquella sensación, cuando tu respiración erizaba cada uno de mis poros, y anulaba mis cinco sentidos.

Entonces el resto no importaba… Todo sobraba, nada faltaba.

Sólo era preciso ser y estar…

El ambiente se creaba cuando tu mirada buscaba mi cara, y nuestros ojos se decían las cosas que nuestros labios callaban.

Abrumada en mis recuerdos, sonreí con la misma intensidad que tenían aquellos momentos, cuando a nuestro alrededor todo parecía desaparecer y sólo quedábamos tú y yo… Entonces el tiempo se detenía, y jugaba a ser cómplice de aquello que sucedía cuando se apagaba la luz y podíamos vernos el alma.

Publicado en Voz del alma

En trance…

imagesCA2G8P9X

Ciertamente son muchas las cosas que se aprenden en soledad…

Si estás perdido, consigues tener el tiempo suficiente para encontrarte con esa parte de ti que se había extraviado, y puedes a su vez, lograr fundir en un sólo ser aquello que fuiste, lo que eres, lo que nunca volverás a ser, y lo que siempre serás… Porque solamente en ésta reconciliación es en donde radica la gran sabiduría de ser, no ser, y seguir siendo.

Puede sonar todo como un trabalenguas, e incluso puede que esto se llegue a confundir, y probablemente ni siquiera se alcance a comprender… Pero que más da, la vida sigue igual, y es un regalo unipersonal…

Como la vida es propiedad exclusiva de cada ser humano, se puede llegar a hacer de la misma todo aquello que se nos plazca; porque sólo nos pertenece a nosotros. Pero como en todo cuento de hadas, también existen esos pequeños detalles que hacen de lo simple, algo un poquito complejo, por así decirlo. Y es que siempre, aunque estemos conscientes de que cada quien tiene su propia vida, no nos basta, y buscamos con quien compartir la nuestra… Nos sembramos, anclamos raíces, echamos frutos, florecemos en cada primavera y somos testigos del duro golpe que sufre una hoja, cuando el otoño se encarga de aventarla contra el suelo.

Entonces… Y sólo por esos diminutos detalles, caemos en la más real de todas las conclusiones, y es que: Con cualquier decisión u actitud podemos llevarnos el mundo por delante, porque se trata de nuestra vida; pero jamás lograremos con eso, arrastrar a todos a nuestro mundo, ni siquiera porque se trate de nuestra vida.