Nocivo…

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Con toda la serenidad que siempre me ha caracterizado le dije: No eres la única que tiene sus dudas… Y también sé que te sobran motivos para sentirlas…

Pero resulta que…

Esta vez no es lo mismo; y estoy tan segura de ello, que me atrevo a apostar la vida, en caso de que mis palabras contradigan mis actos.

Es cierto que muchas veces cerré la presa para que el torrente de agua no acabara con todo a su paso; pero luego descubrí que del agua estancada, no se puede esperar otra cosa que no sea veneno…

Luego de analizar los posibles daños que esto ocasionaría, comprobé que por retener el agua, los arboles alrededor se morían porque sus raíces se ahogaban en la excesiva humedad…

Pude haber optado por otras alternativas… Quizás esas mismas que utilizaba en el pasado; ampliar los drenajes, y probablemente hasta dragar un poco más… Pero que hubiese obtenido sino más de lo mismo… Eso ya no valía la pena.

Aunque adoraba lo caudaloso que se veía mi rio, entendí que no era lo más idóneo por el momento… Pues irse a la guerra en contra de la corriente, es una lucha cuyo fin siempre será perder… En aguas que simplemente sólo hay que dejarlas correr.

En trance…

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Ciertamente son muchas las cosas que se aprenden en soledad…

Si estás perdido, consigues tener el tiempo suficiente para encontrarte con esa parte de ti que se había extraviado, y puedes a su vez, lograr fundir en un sólo ser aquello que fuiste, lo que eres, lo que nunca volverás a ser, y lo que siempre serás… Porque solamente en ésta reconciliación es en donde radica la gran sabiduría de ser, no ser, y seguir siendo.

Puede sonar todo como un trabalenguas, e incluso puede que esto se llegue a confundir, y probablemente ni siquiera se alcance a comprender… Pero que más da, la vida sigue igual, y es un regalo unipersonal…

Como la vida es propiedad exclusiva de cada ser humano, se puede llegar a hacer de la misma todo aquello que se nos plazca; porque sólo nos pertenece a nosotros. Pero como en todo cuento de hadas, también existen esos pequeños detalles que hacen de lo simple, algo un poquito complejo, por así decirlo. Y es que siempre, aunque estemos conscientes de que cada quien tiene su propia vida, no nos basta, y buscamos con quien compartir la nuestra… Nos sembramos, anclamos raíces, echamos frutos, florecemos en cada primavera y somos testigos del duro golpe que sufre una hoja, cuando el otoño se encarga de aventarla contra el suelo.

Entonces… Y sólo por esos diminutos detalles, caemos en la más real de todas las conclusiones, y es que: Con cualquier decisión u actitud podemos llevarnos el mundo por delante, porque se trata de nuestra vida; pero jamás lograremos con eso, arrastrar a todos a nuestro mundo, ni siquiera porque se trate de nuestra vida.

Pequeñas cosas…

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Gastamos los días en la espera de realizar algo grandioso, y mientras pasa el tiempo, vamos pasando por alto las pequeñas cosas que van marcando nuestro destino; ya sea con acontecimientos hermosos, que llenan de luz el alma, así como aquellas que sólo ocurren para que acumulemos un determinado aprendizaje, en nuestro andar.

Enumerar esas pequeñas cosas que te agrandan la vida, sería algo interminable… Ya que un sin fin de pequeñeces, logran magnificar de forma casi permanente el sentir de alguien.

Un pequeño esfuerzo continuo en la búsqueda de la realización de algún proyecto, te puede llevar al éxito… Un pequeño gesto, puede alentar a alguien, elevar su animo y mejorar el ambiente… Un pequeño abrazo en el momento oportuno, le puede llegar a salvar la vida a una persona… De igual forma una pequeña palabra, puede devolverle la esperanza.

Entonces recordemos que el vehículo que nos conduce a la grandeza del espíritu, son las pequeñas cosas que van pasando en nuestras vidas, esperando a que algo grande suceda, mientras el tiempo pasa.

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Ellas… Mujeres.

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Y la vida las fue llevando de un lugar a otro… Circunstancias diversas, fueron forjando las memorias que hoy orgullosas, y con un aire de cierta victoria, llevan escritas con tinta indeleble en cada uno de sus corazones.

Son ellas las que al encontrar piedras en sus caminos, no sólo aprendieron a seguir, aún con el dolor de haber tropezado; si no, que muchas de ellas, no tuvieron otra opción que llevar a cuestas alguna de esas piedras.

Ellas que con sus sonrisas, saben ocultar el dolor que callan sus labios, pero que gritan sus ojos… Las que tienen las palabras exactas para aconsejar; las que saben guardar silencio cuando queremos hablar… Las que llevan sus heridas, tatuadas como estrellas en su alma, y cual si fuesen guayacanes, se doblan, pero nunca se parten. Esas que siempre están ahí; y son capaces de transformarse en lo que se necesite para el momento. Hijas, madres, hermanas, amigas, esposas… O simplemente MUJERES.

He tenido el privilegio de conocer sus historias… Las he visto llorar, y me sorprende ver como se hacen más fuerte con cada lágrima que derraman. También las he visto reír, y he llegado a ver iluminarse todo el entorno con sus anchas sonrisas.

Unas más jóvenes que otras… Con diferentes creencias… Y distintas historias… Pero con algo en común… El espíritu firme y en pie de lucha, en busca de sus objetivos.

Hoy las miro con admiración y son para mi como una eterna fuente de sabiduría… Pues, de cada una he tenido algo valioso que aprender…

Gracias por la existencia de cada una… Y por dejarme pertenecer de una forma u otra en sus agitadas vidas.

H.M / M.E / C.M / C.H / S.A / M.E.P / E.S / M.P / A.A / Y.C / Y.N / P.G. / E.Q / H.O / M.M / M.P.V

El comienzo del final…

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Y  muchas veces caminamos con los ojos cerrados, sin notar que más adelante nos espera un gran abismo, en donde caemos… Pareciendo que fuese a voluntad.

Llegamos a tocar más allá del fondo… Y cuando logramos al fin salir… Entendemos que no tenemos mejor opción que seguir… Caminando.

Y en el comienzo del final, nos remontamos a los recuerdos… Y al momento de descansar… Comprobamos que no hay almohada más confortable, que una conciencia limpia.

Aún habiendo quitado algunas piedras del camino… Volvemos a tropezar… Pero esta vez hacemos un alto… No para detenernos; Simplemente cambiamos de ruta, y seguimos como aquel que sabe a donde va… Seguros, confiados… En lo que somos, en todo aquello que queremos.

Y como dos líneas paralelas… Sin la más mínima posibilidad de unir sus puntos… Seguimos evitando coincidir, en los senderos que se van creando, mientras continuamos caminando.

Y llovió…

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Llueve… Y aunque se haya escapado de tu memoria, alcanzas a recordar haber leído por ahí, que se avecinaría un mal tiempo… Pero como no crees en los pronósticos, decidiste salir porque el día estaba soleado.

Como siempre, el clima se mofa de ti, y vuelve a reírse en tu cara… Mientras te empapas con cada gota de agua que sobre tu cuerpo cae, te repites sin cesar, que jamás olvidarás llevar siempre contigo el paraguas. Porque la primera vez puede ser una sorpresa… La segunda, es falta de precaución… Pero la tercera ya es costumbre, y no puede ser catalogada como coincidencia.

Se puede amar la lluvia… Pero el derrame imparable de agua, puede hacer que se desborde, el más quieto manantial…

Se puede querer al Sol… Pero una exposición en exceso, sobre todo cuando se está al descubierto, puede incluso hasta quemar…

Por eso es que la misma naturaleza no se cansa de enseñarnos, que dar todo sin medida… Puede llegar a dañar.