Publicado en Versos en un sorbo

Y si el amor…

Sorbo

Y tan sólo por sospechar que el amor pudiera llegar, a solas ensayo mil formas de besar…

Creo un atardecer en plena madrugada, y conjugo en todos los tiempos el verbo amar…

Y tan sólo si es que llegara el amor… Tomo prestado el sol del campo, para hacer cálido cada abrazo.

Si es que de repente llegara el amor… Le sumo un viernes a cada semana, y tejo caricias entre mis sabanas.

De la pradera absorbo el verdor… Y la más bella estrofa a cada canción de amor.

Pero sólo si llegara el amor… Acumulo amaneceres al filo de la aurora… Y en cada gota de rocio humedezco la intensión de un beso tibio.

Y sólo si el amor llegara…  Abro puertas y ventanas… Le robo un rayito a la luna y dejo encendida la ruta que lleva a mi alma.

Publicado en Trivialidad

Y fue el destino…

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Todo comenzó aquel día… Ella salió apresurada, con el sol tostando sus mejillas… Era casi medio día, cuando el destino impaciente le preparaba la siguiente jugada.

Todo ocurrió de repente… No hubo tiempo para reaccionar. El corazón parecía querer salir del pecho. Una especie de miedo rondaba por su cuerpo. Lo que ocurriría después, era inevitable.

Y allí estaba él, como león que observa a su presa… Cauteloso, paciente y ansioso… Así como tierra árida implorando a la lluvia caer.

Bastaron sólo unos minutos… Todo cambió. A partir de ahí nada fue lo mismo. Un hola, un nombre, un rumbo, una despedida… Una llamada repentina a las 3 de la tarde, un riesgo, un paso más… Se confabularon sol y playa para dejarse llevar como olas en el mar.

Y fue así como hicieron el camino que hoy recorren juntos… Comprobando en cada paso que lo mejor aún está por venir. Que en este punto mirar hacía atrás sólo sirve para darse cuenta de lo lejos que han podido llegar, y que vale la pena seguir adelante.

J y S

Publicado en Versos en un sorbo

Antología…

Antología

Y contemplaba la luna cuando el sol galantemente le cedió el paso a esa noche que apenas comenzaba…  Su resplandor acarició mi rostro y no pude contener el deseo de sentirte aquí…

Recostada en aquel viejo sofá, recordé las tantas madrugadas de aquel abril, cuando los besos aún eran frescos, así como las primeras flores de mayo.

El aroma a café recién tostado que emanaba de tu piel, embriagaba mi ser y hacía rebosar mi locura.

Era deliciosa aquella sensación, cuando tu respiración erizaba cada uno de mis poros, y anulaba mis cinco sentidos.

Entonces el resto no importaba… Todo sobraba, nada faltaba.

Sólo era preciso ser y estar…

El ambiente se creaba cuando tu mirada buscaba mi cara, y nuestros ojos se decían las cosas que nuestros labios callaban.

Abrumada en mis recuerdos, sonreí con la misma intensidad que tenían aquellos momentos, cuando a nuestro alrededor todo parecía desaparecer y sólo quedábamos tú y yo… Entonces el tiempo se detenía, y jugaba a ser cómplice de aquello que sucedía cuando se apagaba la luz y podíamos vernos el alma.