Afónico instante…

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Y volvió a hablarme… Ya casi no la escuchaba, y distraída con el ruido de afuera, me era difícil distinguir su voz…

Seguía repitiendo aquellas cosas que ya sé… Susurrándome al oído lo que no había olvidado.

Esta vez puse un alto a sus palabras… Recogí los retazos de cada silaba y los guardé en aquel cajón que ya conoces.

No le di tiempo a una sola vocal más… Simplemente apagué su voz y dejé que su silencio fuera lo único que me hablase.

Entonces me sentí a gusto escuchando nada… Comprendiendo entre la nada todo lo que quería saber, justo en el momento en donde nada podía oír.

Y fue necesario un trago más… Llegar hasta el fondo de aquella botella… Mirar como se iba quedando vacía, la copa que hace un momento estaba llena.

Silencio, lágrimas y un café…

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Salimos con prisa de la vieja estación de tren… La lluvia nos perseguía como si de algún modo intentara alcanzarnos.
Cruzamos la calle y nos acomodamos en la mesita redonda, que se encontraba en la esquina de aquel antiguo Café.

Empapadas completamente ordenamos nuestras acostumbradas tazas de café… Mientras esperabamos, ella rompió a llorar, sin importar que su maquillaje se corriera en frente de todos.

No quise preguntar, porque sinceramente sería redundar… las razones no me eran desconocidas… Ambas sabiamos que en ese momento, el silencio era lo mejor.

Llegó el café; y entre sorbos mirábamos la lluvia caer…

Quebré el silencio al decirle que todo estaría bien… Ella me miró fijamente y respondió con un “lo sé”.

No dije una silaba mas, y me limité a mirarla llorar mientras se enfriaba su café…

En medio de sollozos, y con palabras entre cortadas me dijo: Sé que sabes lo mal que me siento, sé que conoces cómo duele una herida; pero es difícil que sepas exactamente lo que pasa conmigo por dentro… En realidad nadie lo sabe; y muchas veces hasta yo misma lo ignoro.

Asentí con mi cabeza, y no agregué nada mas… Dejé que fuese su boca la que hablara, pues sabía que mi papel era escuchar, los gritos de un alma que no puede mas… Junto a ella lloré yo también.

Navidad rota…

Simplemente así se quebró mi Navidad…

Sin más nada, se hizo pedazos todo aquello que parecía inquebrantable. Tantas palabras, tanto silencio, fueron ocupando cada rincón de mi alma y desde entonces ya no creo.

Todo el color que daba vida a mi vida, quedó detrás de la realidad que ahora se desviste para que en su desnudez pudiera yo notar que nada es lo que parecía, o quizás lo que parecía significaba nada…

Contemplo desde mi ventana, como un día mata al otro, y todos mueren sin que yo pueda hacer nada.

Miro y compruebo que el mundo aún girando está, que nada lo detiene, y que se quiebra mi corazón con cada minuto al pasar…