Soledad…

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Recuerdo que no quería ver el día en que llegaras…

Era tanta la incertidumbre que me provocaba la posibilidad de que estuvieras a mi lado, que evitaba a toda costa hacer cosas que apresuraran tu llegada. Te temía a horrores. Eras como una condena no merecida para mí. Sospechaba que cuando vinieras, no me dejarías vivir en paz.

Y fue así cuando inevitablemente apareciste aquel día… Me resistí a la idea de tener que darte la bienvenida… Pero no tuve alternativas; ahí estabas tú, justo detrás de esa puerta, esperando a que la abriera para ser un huésped más, en éste, mi espacio.

Gran sorpresa la mía, cuando comencé a conocerte… Pude ver que más que un castigo, eras como una bendición…

Hiciste que pudiera ver cosas en mí, más allá de lo que a simple vista se logra. Conseguí hurgar en mis adentros y descubrir que estar a tu lado, es como vivir en un enorme espacio, en donde siempre está claro, puedo respirar libremente y aire siempre es limpio.

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Tiempo perdido…

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Y fue cuando entonces, se acercó a la persona que custodiaba el lugar y le dijo: – Buenas tardes, sabe Ud. en dónde puedo encontrar eso que busco…?  La persona cortésmente le respondió: – Realmente no, pero si gusta vaya al cuarto piso, puede ser que ahí la puedan ayudar.Muchas gracias. Contestó.

Sin pensarlo dos veces comenzó a caminar… Era tanta su prisa que no quiso esperar el ascensor, y prefirió tomar las escaleras.

Mientras subía, iba pensando en todo… Muchas cosas estaban en su cabeza, algunas relacionadas entre sí, otras en cambio no tenían nada en común.

Cada escalón le recordaba la forma en la que cuesta conseguir algo.

Al fin llegó al final de la escalera, un tanto sofocada por la falta de ejercicios.

En frente logró divisar un largo pasillo, y caminó hacia el escritorio en donde se encontraba aquella señora… Y le dijo: – Saludos, sabe Ud. en dónde puedo encontrar eso que busco?. Con un tono casi maternal la señora contestó. – Saludos querida, ve hacia la puerta del fondo. – Gracias. Respondió.

Se dirigía a la puerta, tal y como le habían indicado. Pero esta vez sus pasos ya no eran tan rápidos, su respiración comenzaba a ser más fuerte y le sudaban las manos. Tocó suavemente y escuchó una voz que le dijo: Adelante.

Entró cautelosamente y escuchó a la misma voz decir: –Tranquila, todo está bien, toma asiento y dime qué estás buscando. Ella obedeció y dijo: –Tiempo; llevo años perdiéndolo y no lo encuentro. Quisiera recuperarlo.

La voz le dijo: Lo siento, pero eso es precisamente lo que no podemos ayudarte a encontrar. Sólo puedo decirte que aproveches el que tienes ahora, pues ese que has perdido, jamás regresará, y nadie tiene el poder de devolvértelo.

Se levantó sin decir nada, abrió la puerta y salió de prisa de aquel lugar.

Mientras secaba sus lágrimas, recordaba viejas cosas; esas mismas en las que tanto malgastó el precioso tiempo que le daba la vida. Entonces se prometió nunca más volver a perderlo.

Abrir esa puerta…

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Me acerqué cuidadosamente, y en un tono muy bajo le dije: Sólo poniendo el esfuerzo y todo el amor que podemos, es cuando suceden los milagros. Entonces, por qué vas a desistir?

Yo sabía de sus inseguridades, sus miedos; pero también conocía lo fuerte que era. Esta vez no permití que hablase; preferí hacerlo yo.

Y allí estaba esperando en su puerta. Me asomé a la ventana y pude verla; no me sorprendió en lo absoluto, ya la esperaba. Pero ella en cambio, continuaba sentada, inmóvil, y podía ver a través de sus ojos, como se ahogaba en un mar de dudas.

Era cuestión de meditar, apartarse de lo que sucedía alrededor. Le dije que muchas cosas no tienen reverso. Que si en lo adelante pensaría en volver atrás, debía saber que ya había un camino recorrido y que algunas cosas podrían no estar igual. La vida es muy flexible, y nunca transitamos por vías rectas… Comienzas a trazar tu camino, y el trayecto te permite elegir las direcciones que quieras tomar… Sólo debes asegurarte de que las mismas, sean un complemento de las anteriores.

Entonces guardé silencio. Ella arregló su pelo, se levantó del sofá, me regaló una sonrisa… Caminó hacia la puerta, y abriéndola de par en par, le dio paso a la decisión, que afuera impaciente esperaba.