Madre…

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Es inmenso el amor que un hijo siente por su madre… Pero no alcanza la magnitud con la que una madre puede llegar amar a un hijo.

Llevo grabados en mi mente, los tantos momentos cuando te sentía acercarte a mi mientras dormía, sólo para cubrirme con otra manta, porque quizás sospechabas que tenía frio.

No imaginas cuanto te amo…

No olvido cuando al caer, con mis rodillas raspadas, corría hacia tus brazos, buscando ese refugio, ese alivio que sólo me daban tus suaves manos, curando mis heridas, haciéndome reír de nuevo.

Recuerdo que todas las mañanas me regalabas tus miradas, tus sonrisas… Y ese buenos días, que colmaba de bendición mi vida.

No imaginas cuanto te amo…

Por eso hoy, sigues siendo ese manantial de paz al que siempre acudo cuando mi alma tiene sed… Me ayudas, me escuchas y tienes siempre las palabras exactas en tus labios; esas que necesito oír para calmar mis penas, para seguir adelante.

Eres brisa de verano, cuando el frio del miedo congela mis huesos… Y anticipas primaveras, cuando el otoño ha secado mi jardín…

Conoces mis fuerzas, mis debilidades… Y me amas como soy.

Necesito ese abrazo tuyo de ayer, de hoy y siempre… Eres mi sostén, mi valor, fuente de inagotable amor y esa luz al final del túnel.

Por eso, por todo… No imaginas cuanto te amo…

H.M.

Soledad…

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Recuerdo que no quería ver el día en que llegaras…

Era tanta la incertidumbre que me provocaba la posibilidad de que estuvieras a mi lado, que evitaba a toda costa hacer cosas que apresuraran tu llegada. Te temía a horrores. Eras como una condena no merecida para mí. Sospechaba que cuando vinieras, no me dejarías vivir en paz.

Y fue así cuando inevitablemente apareciste aquel día… Me resistí a la idea de tener que darte la bienvenida… Pero no tuve alternativas; ahí estabas tú, justo detrás de esa puerta, esperando a que la abriera para ser un huésped más, en éste, mi espacio.

Gran sorpresa la mía, cuando comencé a conocerte… Pude ver que más que un castigo, eras como una bendición…

Hiciste que pudiera ver cosas en mí, más allá de lo que a simple vista se logra. Conseguí hurgar en mis adentros y descubrir que estar a tu lado, es como vivir en un enorme espacio, en donde siempre está claro, puedo respirar libremente y aire siempre es limpio.

Entre tinta y un papel…

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Iba saliendo con cierta prisa… Apenas cerré la puerta noté que debajo de mis pies había un sobre blanco.

Lo tomé y vi que el remitente tenía el nombre de ella. Vaya sorpresa para mi, pues desde que se crearon los correos electrónicos, ya nadie escribe cartas con tinta en un papel…

Busqué las llaves dentro de mi bolso, pero mi curiosidad era tanta, que desistí, y preferí caminar hacia el parquecito más cercano; Sentada, bajo la sombra de aquel frondoso árbol, abrí el sobre y comencé a leer.

Amiga…

Sé que ha pasado tiempo desde aquel último encuentro… Pido disculpas por no devolver tus llamadas, y por no responder tus mensajes. Sé que la última vez que hablamos te dejé un poco desconcertada; Admito que luego de eso, las cosas no marcharon como había esperado. Por eso me aislé, por eso no quise hablar, ni ver a nadie. No es excusa, pero así lo sentí, y espero que me entiendas.

Sé que te dará gusto saber que ya me siento mejor… Y no lo digo por este momento; ya que es algo que he ido experimentando durante muchos días consecutivos. Las cosas han cambiado mucho por aquí… Te informo que ya no vivo por aquel lugar; cambié de residencia hace poco… Corté mi pelo… También le alteré el color… Tengo un nuevo empleo… Pinto mis uñas todos los días, de un color diferente… Sigo escuchando música al mismo volumen escandaloso de siempre… No me quedo encerrada los fines de semanas… Paso horas viendo películas… Y ya no lloro.

Todo esto no significa que he olvidado… Es simplemente que he aprendido a recordar sin dolor. Este tiempo a solas en donde me sentía perdida, me ha servido para encontrarme conmigo misma. Y he vuelto a descubrir tras ese manto de tristeza, a la mujer radiante y feliz que siempre he sido.

Todo esto se lo debo primero a Dios, porque me ayudó a mantener la fe… A mi familia, porque siempre he sentido su apoyo… Al tiempo, porque sabiamente ha sabido darme las respuestas que necesitaba… Y sobre todo a ti; porque incondicionalmente siempre has estado ahí.

Sólo puedo decir… Gracias.

Te quiere,

Tu amiga.

Al concluir estas líneas, sonreí… Y al mismo tiempo sentí una lágrima resbalando por mis mejillas…Pero ésta era sólo de satisfacción, por el deber cumplido… Porque al fin mis oraciones fueron escuchadas, y ella finalmente había encontrado paz.

No me contuve, y como toda mujer, quería escuchar los detalles… Tomé el teléfono, marqué su número; ella contestó emocionada y hablando de todo nos dieron las diez.

Oportunamente ahora…

Oportunamente ahora.

Ahora que por fin reconcilio a mi mente con mi alma, miro a través del retrovisor y ya no diviso esa enorme interrogante, que parecía no desaparecer del camino que iba recorriendo, mientras la vida pasaba.

Ahora tengo el valor de enfrentarme con mis dudas, y aquellas cosas que jamás alcanzaré a comprender… Ahora puedo, ahora lo haré.

Y justo ahora es cuando finalmente puedo mirar tras las cortinas del rencor, he hecho las paces con el recuerdo… Y dejé de retener al adiós … Ahora que todo acabó.

Ahora puedo sentarme en el diván del pasado y disfrutar de aquello que fue… Lo que jamás será; Ahora ya no es tan oscuro, ahora encendí la luz.

Ahora te pienso, ahora sonrío; Ahora me encuentro viendo como te repites en ti mismo, así como cada noche después de morir el día.

Ahora observando como te esmeras en hacer que te odie… Me vuelco en las memorias del ayer y me las cobro comprendiéndote.

Y ya no maldigo tu bienestar… Ahora me quedo sentada en la orilla contemplado la forma en que te alejas, así como una gaviota en el mar… Mientras deseo lo mejor.

Detrás del auricular…

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Aún recuerdo las tantas noches cuando el sueño invadía mis ojos y mi mente se negaba a dormir…

Tomaba el teléfono, sabía que siempre la encontraría; tan dispuesta, tan entregada, y siempre con las palabras mas acertadas.

Normalmente el enojo adornaba las cosas que le decía… No me gustaba omitirle nada, esperando que de ésta forma me diera la razón y comprendiera mi rabia. Pero su actitud siempre era la misma… Suave, sincera y cristalina. A veces resultaba desesperante sentir tantas turbulencias y chocar contra un muro de calma.

Entonces encontraba el aliento que buscaba… La serenidad se apoderaba de mi, y finalmente llegaba a conciliar el sueño… Por lo menos durante dos horas corridas.

Tuvo que pasar lo que pasó para lograr en mi aquello que tanto me pedía. Entonces lo entendí todo.

Comprendí que decir lo siento no niega la existencia de la culpa… Y que perdonar no erradica el dolor… Pero hace mas llevadera la vida.

Realmente me cuesta creer que ya no estará de aquel lado del auricular… Y aunque pude agradecer tanta bondad, no deja de dolerme ese hasta luego.

Al fin lo hice, lo logré; Sé que desde donde está me mira sonriendo y se siente satisfecha.

MM

Mi margarita dijo NO…

           

Comencé diciendo Sí, y fué entonces cuando mi Mundo, pasó de ser “Mí” para ser “De”.

Todos en algún momento de nuestras vidas arriesgamos cosas buscando conseguir otras; Y no se trata sólo de arriesgar cosas por ser cosas, ya que generalmente es el alma la que ponemos en juego cuando se inicia diciendo que Si… O cuando se termina diciendo que No, y viceversa…

A veces resulta más cómodo decir que No, otras que Si… Y mientras deshojamos la margarita la vida se pasa más rápido que un sorbo de café… Nadie sabe a ciencia cierta cuando se le debe hacer caso a un Si, o cuando ignorar un No… Lo que si podemos asegurar es que el mundo nunca deja de girar entorno a lo que acontece dentro de cada uno de nosotros…

Todo pasa y todo queda, así dice una canción, y mientras pasa o queda, vivimos entre un Si y un No… Damos vuelta y caemos en un No, y es entonces cuando cerramos puertas, bloqueamos caminos, libramos luchas y en muchos de los casos hasta se encuentra cierta paz… Mas, se voltea el mundo y vuelves a un Si, donde luego pasas a encontrarte en la etapa donde se abren brechas, se aclaran senderos, se pierden batallas y en muchos de los casos, también se encuentra paz…

Son tantos los pétalos caídos al son de un No y un Si, que te pierdes dentro de ti mismo, y generalmente cuando te detienes a ver a dónde fue que te quedaste, sucede que no te encuentras, que te fuiste tan lejos entre el Si y el No, y aunque resulte increíble, sin dejar de ser cierto, pasas a ser un desconocido, incluso para ti mismo…

Miras entre tus dedos la margarita que vas deshojando y esta vez tienes un Si, pero ese Si, puede venir disfrazado de un No, y puede que ese No, más tarde se convierta en Si… Y es esto lo que nos deja estancados en situaciones que llegan a perjudicar desde tu salud física hasta tu estado mental, emocional, psicológico, anímico, mientras carcomen tu espíritu y agrietan tu alma…

Por tantos desvarios en los que a veces nos abruman los días al pasar; llega al fin el hoy en el que tomo mi margarita y he decidido que diga No, y no es un No vestido de Si, pero si es un No con espera de un Si; un Si a la vida, un Si a comenzar de nuevo, un Si a No mirar atrás, un Si a saber que se puede y un Si a la fuerza para decir No.