Entre tinta y un papel…

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Iba saliendo con cierta prisa… Apenas cerré la puerta noté que debajo de mis pies había un sobre blanco.

Lo tomé y vi que el remitente tenía el nombre de ella. Vaya sorpresa para mi, pues desde que se crearon los correos electrónicos, ya nadie escribe cartas con tinta en un papel…

Busqué las llaves dentro de mi bolso, pero mi curiosidad era tanta, que desistí, y preferí caminar hacia el parquecito más cercano; Sentada, bajo la sombra de aquel frondoso árbol, abrí el sobre y comencé a leer.

Amiga…

Sé que ha pasado tiempo desde aquel último encuentro… Pido disculpas por no devolver tus llamadas, y por no responder tus mensajes. Sé que la última vez que hablamos te dejé un poco desconcertada; Admito que luego de eso, las cosas no marcharon como había esperado. Por eso me aislé, por eso no quise hablar, ni ver a nadie. No es excusa, pero así lo sentí, y espero que me entiendas.

Sé que te dará gusto saber que ya me siento mejor… Y no lo digo por este momento; ya que es algo que he ido experimentando durante muchos días consecutivos. Las cosas han cambiado mucho por aquí… Te informo que ya no vivo por aquel lugar; cambié de residencia hace poco… Corté mi pelo… También le alteré el color… Tengo un nuevo empleo… Pinto mis uñas todos los días, de un color diferente… Sigo escuchando música al mismo volumen escandaloso de siempre… No me quedo encerrada los fines de semanas… Paso horas viendo películas… Y ya no lloro.

Todo esto no significa que he olvidado… Es simplemente que he aprendido a recordar sin dolor. Este tiempo a solas en donde me sentía perdida, me ha servido para encontrarme conmigo misma. Y he vuelto a descubrir tras ese manto de tristeza, a la mujer radiante y feliz que siempre he sido.

Todo esto se lo debo primero a Dios, porque me ayudó a mantener la fe… A mi familia, porque siempre he sentido su apoyo… Al tiempo, porque sabiamente ha sabido darme las respuestas que necesitaba… Y sobre todo a ti; porque incondicionalmente siempre has estado ahí.

Sólo puedo decir… Gracias.

Te quiere,

Tu amiga.

Al concluir estas líneas, sonreí… Y al mismo tiempo sentí una lágrima resbalando por mis mejillas…Pero ésta era sólo de satisfacción, por el deber cumplido… Porque al fin mis oraciones fueron escuchadas, y ella finalmente había encontrado paz.

No me contuve, y como toda mujer, quería escuchar los detalles… Tomé el teléfono, marqué su número; ella contestó emocionada y hablando de todo nos dieron las diez.

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Hoy medito…

No quisiera que hoy fuese ayer… Pues con todo lo bueno y malo que me ha tocado vivir, no dejo de estar agradecida con Dios todos los días, por las infinidades de cosas que me ha brindado.
He reído, he llorado, he amado, y hasta se podría decir que he odiado, aunque este último sentimiento ha sido efímero en mis adentros, ya que he aprendido conforme el paso del tiempo, que el agua se deja correr, que las cosas se dejan fluir, que el amor no se ruega y que la verdad no se grita, pués al final se deja escuchar en el más sublime de los silencios y como un corcho siempre sale a flote…
Si la felicidad se mide en momentos, puedo decir que he sido feliz, y puedo asegurar que mucho.
La vida, mi vida, me ha concedido la dicha mas grande que pueda tener cualquier mujer, ser madre… Dándome así el privilegio de escuchar el “Te Amo” más sincero, puro y cálido que exista, de los labios infantiles de mi hija.

Yo, como hija soy la más afortunada, porque tengo un padre y una madre que con toda dedicación, amor y tolerancia, han hecho de mi la mujer que soy en el día de hoy. Como amiga me he entregado por completo, siendo en cada momento aquella que dice presente, que aconseja, o que simplemente calla, para escuchar.
Ser mujer, me ha llevado a experimentar la oportunidad de conocer el amor, ese que se da entre dos seres que se encuentran en la vida y anidan sus almas, para crear de dos, una sola. Ese amor que sólo se siente una vez, el que se torna fuerte como roca, con la fragilidad de una flor… Ese que se va más allá del contacto de dos cuerpos que entre besos y caricias se funden hasta el punto de tocarse más alla del alma. Pero debo confesar que ha sido ese mismo amor, el que ha provocado en mí las lágrimas más hondas, la angustia más terrible, y que aún estando de mi presencia, me ha dejado sola…

He dado mucho, probablemente más de lo que he recibido, mas no me quejo, pués aquellos seres que estamos acostumbrados a dar, damos porque siempre tenemos algo para ofrecer; Contrario de aquellos que sólo se conforman con recibir, y que se encuentran tan vacíos, que nada tienen para dar, porque ni para sí mismos poseen…

A pesar de todo aún sonrío, y no hay día que no dé gracias a Dios, hasta por las cosas que no alcanzo a comprender. A pesar de las traiciones, sufrimientos y decepciones, creo en la vida, creo en mi, y estoy confiada en que detrás de cada tormenta, hay una calma que espera…