Y llovió…

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Llueve… Y aunque se haya escapado de tu memoria, alcanzas a recordar haber leído por ahí, que se avecinaría un mal tiempo… Pero como no crees en los pronósticos, decidiste salir porque el día estaba soleado.

Como siempre, el clima se mofa de ti, y vuelve a reírse en tu cara… Mientras te empapas con cada gota de agua que sobre tu cuerpo cae, te repites sin cesar, que jamás olvidarás llevar siempre contigo el paraguas. Porque la primera vez puede ser una sorpresa… La segunda, es falta de precaución… Pero la tercera ya es costumbre, y no puede ser catalogada como coincidencia.

Se puede amar la lluvia… Pero el derrame imparable de agua, puede hacer que se desborde, el más quieto manantial…

Se puede querer al Sol… Pero una exposición en exceso, sobre todo cuando se está al descubierto, puede incluso hasta quemar…

Por eso es que la misma naturaleza no se cansa de enseñarnos, que dar todo sin medida… Puede llegar a dañar.

Entre pensar y sentir…

Entre pensar y sentir...

Te siento… Y el sentirte es tan real como si vivieras en mí; impregnado en las cosas que de ti celosamente he de guardar.

Te pienso… Y allí en mi memoria eres eso que nunca fuiste, la imagen de lo que ya no eres…

Te siento… Y tanta es tu presencia, que vives pegado a mi, cual si fueses la piel que cubre mis huesos.

Te pienso… Y solamente por pensar… Viaja mi mente al ayer, vuelvo a traer tus manos, siento tus dedos…

Te pienso y te siento… Y en ese espacio en donde habita tu recuerdo; no existe nada mas de lo que yo me permito conservar. Eso que no queda de ti… Aquello que dejaste de ser… Lo que no serás jamás.

Entonces te siento… Y mientras lo hago, la lluvia que miro caer, se confabula con el tiempo y se hace imprescindible escuchar tu voz quebrando el silencio.

Te pienso… Entonces te haces presente; desdibujo la silueta de tu cuerpo que intrusa se pasea por los pasillos… Se humedecen mi sentidos y en cada rincón vuelvo y te siento.

Dejar atrás… Olvidar.

Olvidar, es algo que resulta tan fácil, solamente cuando se dice… Pues del dicho al hecho, son muchos los trechos que se van formando entre lo que es, lo que será y lo que fue…

Nunca podré olvidar! Son muchas las veces que decimos o escuchamos esta afirmación tan tajante, segura, e irreversible…

Resulta bastante penoso, saber que hay personas que llevan dentro de sí, este desgastante lema pegado indeleblemente en su alma. (Nunca podré olvidar). Pero es más triste aun, saber que en ocasiones esa persona, puede ser uno mismo…

Científicamente se ha comprobado que la parte consciente de nuestra memoria, siempre busca traer consigo los recuerdos más gratos que guardamos en nuestras mentes, echando a un posible olvido, aquellos que no lo son. Aunque resulte bastante difícil borrar algunas cosas que han marcado nuestras vidas, nos toca a nosotros mismos tener la suficiente voluntad para saber dejar a un lado dicho recuerdo, y arrancar de raíz sentimientos como; la autocompasión, el rencor, la ira contenida, y algunos posibles traumas que vamos arrastrando conforme pasa el tiempo…

Está dentro de cada uno educar a nuestra voluntad, ya que es la única que puede dominar a la memoria… Dicha educación consiste en saber emplear la forma en que queremos recordar.

Una buena técnica para comenzar a dejar algo atrás, es desviar de nuestras mentes imágenes que puedan despertar un posible recuerdo…  Leer un buen libro, un cambio de ambiente, la distancia y actividades productivas que aporten cosas positivas a nuestro diario vivir, son unas cuantas de las muchas cosas que podemos hacer para comenzar el tan ajetreado proceso del olvido…

Alguien me dijo una vez algo más o menos así: No se puede disfrutar de la actualidad, si la preocupación por lo que fue o lo que será, habita incesantemente en nuestra memoria…

Entonces con esta profunda frase que dejo a continuación, doy respuesta a tantas inquietudes que confieso haber tenido, y que seguramente muchos de ustedes comparten conmigo…

“Aquel que no tenga el coraje y la voluntad para perder de vista la costa… Nunca llegará al océano…”