Y llovió…

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Llueve… Y aunque se haya escapado de tu memoria, alcanzas a recordar haber leído por ahí, que se avecinaría un mal tiempo… Pero como no crees en los pronósticos, decidiste salir porque el día estaba soleado.

Como siempre, el clima se mofa de ti, y vuelve a reírse en tu cara… Mientras te empapas con cada gota de agua que sobre tu cuerpo cae, te repites sin cesar, que jamás olvidarás llevar siempre contigo el paraguas. Porque la primera vez puede ser una sorpresa… La segunda, es falta de precaución… Pero la tercera ya es costumbre, y no puede ser catalogada como coincidencia.

Se puede amar la lluvia… Pero el derrame imparable de agua, puede hacer que se desborde, el más quieto manantial…

Se puede querer al Sol… Pero una exposición en exceso, sobre todo cuando se está al descubierto, puede incluso hasta quemar…

Por eso es que la misma naturaleza no se cansa de enseñarnos, que dar todo sin medida… Puede llegar a dañar.

Dos enamorados…

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Te tomo en mi café de las mañanas… Y te idealizo en esta mesa, mientras desligo al presente de todo esto.

Aún no alcanzo a probar el primer sorbo, cuando ya el humo comienza a hablarme de ti.

Te imagino tal y como eras en el último invierno… Cuando todo el calor que necesitaba, lo encontraba entre tus brazos… Entonces era fácil contemplar la lluvia junto a ti.

Y vuelvo a verte correr por el verde pasto… Salpicando de alegría todo a tu alrededor… Ahí, luces tan feliz.

Sonrío… Me complazco con otro sorbo y te dedico esa canción que está sonando en la radio.

Se termina mi café y recuerdo lo que fuimos… Tú y yo… Tan sólo eso que fuimos, dos enamorados, pero del amor.

Entre pensar y sentir…

Entre pensar y sentir...

Te siento… Y el sentirte es tan real como si vivieras en mí; impregnado en las cosas que de ti celosamente he de guardar.

Te pienso… Y allí en mi memoria eres eso que nunca fuiste, la imagen de lo que ya no eres…

Te siento… Y tanta es tu presencia, que vives pegado a mi, cual si fueses la piel que cubre mis huesos.

Te pienso… Y solamente por pensar… Viaja mi mente al ayer, vuelvo a traer tus manos, siento tus dedos…

Te pienso y te siento… Y en ese espacio en donde habita tu recuerdo; no existe nada mas de lo que yo me permito conservar. Eso que no queda de ti… Aquello que dejaste de ser… Lo que no serás jamás.

Entonces te siento… Y mientras lo hago, la lluvia que miro caer, se confabula con el tiempo y se hace imprescindible escuchar tu voz quebrando el silencio.

Te pienso… Entonces te haces presente; desdibujo la silueta de tu cuerpo que intrusa se pasea por los pasillos… Se humedecen mi sentidos y en cada rincón vuelvo y te siento.

Silencio, lágrimas y un café…

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Salimos con prisa de la vieja estación de tren… La lluvia nos perseguía como si de algún modo intentara alcanzarnos.
Cruzamos la calle y nos acomodamos en la mesita redonda, que se encontraba en la esquina de aquel antiguo Café.

Empapadas completamente ordenamos nuestras acostumbradas tazas de café… Mientras esperabamos, ella rompió a llorar, sin importar que su maquillaje se corriera en frente de todos.

No quise preguntar, porque sinceramente sería redundar… las razones no me eran desconocidas… Ambas sabiamos que en ese momento, el silencio era lo mejor.

Llegó el café; y entre sorbos mirábamos la lluvia caer…

Quebré el silencio al decirle que todo estaría bien… Ella me miró fijamente y respondió con un “lo sé”.

No dije una silaba mas, y me limité a mirarla llorar mientras se enfriaba su café…

En medio de sollozos, y con palabras entre cortadas me dijo: Sé que sabes lo mal que me siento, sé que conoces cómo duele una herida; pero es difícil que sepas exactamente lo que pasa conmigo por dentro… En realidad nadie lo sabe; y muchas veces hasta yo misma lo ignoro.

Asentí con mi cabeza, y no agregué nada mas… Dejé que fuese su boca la que hablara, pues sabía que mi papel era escuchar, los gritos de un alma que no puede mas… Junto a ella lloré yo también.

Lluviosa espera…

Sentada junto al ventanal observo a la lluvia caer…  Mientras en silencio los pensamientos abandonan mi mente y me llevan todos hacia ti…

A pesar de las horas transcurridas en las que me acompaña tu ausencia, aun sigue intacto en cada palmo de mi piel, el perfume que me dejas de la tuya; y me estremezco al imaginar a tus ojos desvistiendo mis sentidos… dejando desnuda mi alma…

Suspiro por tu presencia y por tus manos traviesas recorriendo lo que soy… Cubriendo el frio que provoca la lluvia, saciando la sed que tienen mis ansias…

Continua lloviendo y no sabes lo que daría por ser una de las gotas que por tu pelo de desliza, recorriendo suavemente tu anatomía,  hasta llegar a deshacerse en los rincones más secretos de tu ser…

Me consuelo en el recuerdo de lo que fue ayer y me alienta la esperanza de que pronto vuelvas… Estarás aquí, porque eres tan real como estas palabras que ahora escribo…

La lluvia cae, salpica mi rostro y entonces sonrío por la suerte de que al irte, sé que regresarás para mi…

Se escurre la noche por mi ventana, sigue lloviendo… Aún sigo aquí… En nuestro tibio lecho, en donde siempre te espero…