Y si el amor…

Sorbo

Y tan sólo por sospechar que el amor pudiera llegar, a solas ensayo mil formas de besar…

Creo un atardecer en plena madrugada, y conjugo en todos los tiempos el verbo amar…

Y tan sólo si es que llegara el amor… Tomo prestado el sol del campo, para hacer cálido cada abrazo.

Si es que de repente llegara el amor… Le sumo un viernes a cada semana, y tejo caricias entre mis sabanas.

De la pradera absorbo el verdor… Y la más bella estrofa a cada canción de amor.

Pero sólo si llegara el amor… Acumulo amaneceres al filo de la aurora… Y en cada gota de rocio humedezco la intensión de un beso tibio.

Y sólo si el amor llegara…  Abro puertas y ventanas… Le robo un rayito a la luna y dejo encendida la ruta que lleva a mi alma.

Anuncios

Y fue el destino…

untitled

Todo comenzó aquel día… Ella salió apresurada, con el sol tostando sus mejillas… Era casi medio día, cuando el destino impaciente le preparaba la siguiente jugada.

Todo ocurrió de repente… No hubo tiempo para reaccionar. El corazón parecía querer salir del pecho. Una especie de miedo rondaba por su cuerpo. Lo que ocurriría después, era inevitable.

Y allí estaba él, como león que observa a su presa… Cauteloso, paciente y ansioso… Así como tierra árida implorando a la lluvia caer.

Bastaron sólo unos minutos… Todo cambió. A partir de ahí nada fue lo mismo. Un hola, un nombre, un rumbo, una despedida… Una llamada repentina a las 3 de la tarde, un riesgo, un paso más… Se confabularon sol y playa para dejarse llevar como olas en el mar.

Y fue así como hicieron el camino que hoy recorren juntos… Comprobando en cada paso que lo mejor aún está por venir. Que en este punto mirar hacía atrás sólo sirve para darse cuenta de lo lejos que han podido llegar, y que vale la pena seguir adelante.

J y S

Soledad…

ausencia2[1]

Recuerdo que no quería ver el día en que llegaras…

Era tanta la incertidumbre que me provocaba la posibilidad de que estuvieras a mi lado, que evitaba a toda costa hacer cosas que apresuraran tu llegada. Te temía a horrores. Eras como una condena no merecida para mí. Sospechaba que cuando vinieras, no me dejarías vivir en paz.

Y fue así cuando inevitablemente apareciste aquel día… Me resistí a la idea de tener que darte la bienvenida… Pero no tuve alternativas; ahí estabas tú, justo detrás de esa puerta, esperando a que la abriera para ser un huésped más, en éste, mi espacio.

Gran sorpresa la mía, cuando comencé a conocerte… Pude ver que más que un castigo, eras como una bendición…

Hiciste que pudiera ver cosas en mí, más allá de lo que a simple vista se logra. Conseguí hurgar en mis adentros y descubrir que estar a tu lado, es como vivir en un enorme espacio, en donde siempre está claro, puedo respirar libremente y aire siempre es limpio.