Ellas… Mujeres.

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Y la vida las fue llevando de un lugar a otro… Circunstancias diversas, fueron forjando las memorias que hoy orgullosas, y con un aire de cierta victoria, llevan escritas con tinta indeleble en cada uno de sus corazones.

Son ellas las que al encontrar piedras en sus caminos, no sólo aprendieron a seguir, aún con el dolor de haber tropezado; si no, que muchas de ellas, no tuvieron otra opción que llevar a cuestas alguna de esas piedras.

Ellas que con sus sonrisas, saben ocultar el dolor que callan sus labios, pero que gritan sus ojos… Las que tienen las palabras exactas para aconsejar; las que saben guardar silencio cuando queremos hablar… Las que llevan sus heridas, tatuadas como estrellas en su alma, y cual si fuesen guayacanes, se doblan, pero nunca se parten. Esas que siempre están ahí; y son capaces de transformarse en lo que se necesite para el momento. Hijas, madres, hermanas, amigas, esposas… O simplemente MUJERES.

He tenido el privilegio de conocer sus historias… Las he visto llorar, y me sorprende ver como se hacen más fuerte con cada lágrima que derraman. También las he visto reír, y he llegado a ver iluminarse todo el entorno con sus anchas sonrisas.

Unas más jóvenes que otras… Con diferentes creencias… Y distintas historias… Pero con algo en común… El espíritu firme y en pie de lucha, en busca de sus objetivos.

Hoy las miro con admiración y son para mi como una eterna fuente de sabiduría… Pues, de cada una he tenido algo valioso que aprender…

Gracias por la existencia de cada una… Y por dejarme pertenecer de una forma u otra en sus agitadas vidas.

H.M / M.E / C.M / C.H / S.A / M.E.P / E.S / M.P / A.A / Y.C / Y.N / P.G. / E.Q / H.O / M.M / M.P.V

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Sin 8 en septiembre…

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Y de septiembre ya no habrá día 8, seguirá normal durante todo el mes… Luego 9 y después 10…

Fotos, risas, llantos… Y ni hablar de aquellas cartas ya amarillas… Miles de te quiero, un corazón de papel. Todo quedó olvidado en los recuerdos del pasado.

Todo dicho y poco hecho… Muchas cosas y nada ya ves. Lo ves.

Día perfecto sólo será aquel en donde se nuble, llueva y salga el sol otra vez.

Todo acabó esperando colores cuando era de noche. Palabras al aire colmadas de reproches.

Un día 8 y nada será… Libreta gastada, hojas en blanco… Mucha tinta derramada… Muchas letras por plasmar.

Se esfuman ilusiones, anhelos al vapor… Se cierra una puerta, se abren caminos…

Entender o no, ya no es una opción… Llega el día 8 y todo terminó.

Sin buscar excusas, ni pedir razón, sin que exista un hasta luego disfrazado de un adiós….

Seguirá septiembre 11 y 12… Así todo el mes. Del 7 al 9 ausente el 8, y sin que se note… Ya lo ves.

No son palabras claras, tampoco nada lo estará… Llega el día 8 y trae consigo el final.

Tiempo perdido…

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Y fue cuando entonces, se acercó a la persona que custodiaba el lugar y le dijo: – Buenas tardes, sabe Ud. en dónde puedo encontrar eso que busco…?  La persona cortésmente le respondió: – Realmente no, pero si gusta vaya al cuarto piso, puede ser que ahí la puedan ayudar.Muchas gracias. Contestó.

Sin pensarlo dos veces comenzó a caminar… Era tanta su prisa que no quiso esperar el ascensor, y prefirió tomar las escaleras.

Mientras subía, iba pensando en todo… Muchas cosas estaban en su cabeza, algunas relacionadas entre sí, otras en cambio no tenían nada en común.

Cada escalón le recordaba la forma en la que cuesta conseguir algo.

Al fin llegó al final de la escalera, un tanto sofocada por la falta de ejercicios.

En frente logró divisar un largo pasillo, y caminó hacia el escritorio en donde se encontraba aquella señora… Y le dijo: – Saludos, sabe Ud. en dónde puedo encontrar eso que busco?. Con un tono casi maternal la señora contestó. – Saludos querida, ve hacia la puerta del fondo. – Gracias. Respondió.

Se dirigía a la puerta, tal y como le habían indicado. Pero esta vez sus pasos ya no eran tan rápidos, su respiración comenzaba a ser más fuerte y le sudaban las manos. Tocó suavemente y escuchó una voz que le dijo: Adelante.

Entró cautelosamente y escuchó a la misma voz decir: –Tranquila, todo está bien, toma asiento y dime qué estás buscando. Ella obedeció y dijo: –Tiempo; llevo años perdiéndolo y no lo encuentro. Quisiera recuperarlo.

La voz le dijo: Lo siento, pero eso es precisamente lo que no podemos ayudarte a encontrar. Sólo puedo decirte que aproveches el que tienes ahora, pues ese que has perdido, jamás regresará, y nadie tiene el poder de devolvértelo.

Se levantó sin decir nada, abrió la puerta y salió de prisa de aquel lugar.

Mientras secaba sus lágrimas, recordaba viejas cosas; esas mismas en las que tanto malgastó el precioso tiempo que le daba la vida. Entonces se prometió nunca más volver a perderlo.

Silencio, lágrimas y un café…

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Salimos con prisa de la vieja estación de tren… La lluvia nos perseguía como si de algún modo intentara alcanzarnos.
Cruzamos la calle y nos acomodamos en la mesita redonda, que se encontraba en la esquina de aquel antiguo Café.

Empapadas completamente ordenamos nuestras acostumbradas tazas de café… Mientras esperabamos, ella rompió a llorar, sin importar que su maquillaje se corriera en frente de todos.

No quise preguntar, porque sinceramente sería redundar… las razones no me eran desconocidas… Ambas sabiamos que en ese momento, el silencio era lo mejor.

Llegó el café; y entre sorbos mirábamos la lluvia caer…

Quebré el silencio al decirle que todo estaría bien… Ella me miró fijamente y respondió con un “lo sé”.

No dije una silaba mas, y me limité a mirarla llorar mientras se enfriaba su café…

En medio de sollozos, y con palabras entre cortadas me dijo: Sé que sabes lo mal que me siento, sé que conoces cómo duele una herida; pero es difícil que sepas exactamente lo que pasa conmigo por dentro… En realidad nadie lo sabe; y muchas veces hasta yo misma lo ignoro.

Asentí con mi cabeza, y no agregué nada mas… Dejé que fuese su boca la que hablara, pues sabía que mi papel era escuchar, los gritos de un alma que no puede mas… Junto a ella lloré yo también.

Llorar… Limpiar el Alma.

Sentada en frente de mi mientras tomábamos café, la veía llorar y ella me dijo: No lloro por debilidad o miedo, lloro para limpiar mi alma.”

Confieso que esa frase estuvo en mi cabeza, como una canción que se repetía una y otra vez, sin cesar… Tanto así que no tuve mas remedio que motivarme a escribir algo entorno a las tantas cosas que se fueron detonando, detrás de esas palabras.

Hay quienes sabemos llorar fácilmente, y no porque seamos hipersensibles a las cosas que acontecen en nuestras vidas, mas bien, tal y como lo dijo ella, llorar es una forma de manifestar tus emociones, para saber con cierta certeza que harás después. Otros en cambio, no lloran, y tampoco significa que sean personas duras, súper fuertes, y mucho menos insensibles; resulta que sencillamente utilizan otro método para también aclarar sus emociones y saber con toda seguridad, cual será su siguiente paso.

Alguien dijo: La vida está llena de altibajos; Acontecimientos repentinos hacen que tus emociones toquen fondo, externando así todo el sentimiento que guardas dentro de ti… Llorar es un reflejo de esto; y es justamente llorar, lo que nos diferencia de los animales.

Lidiar con la postura de aparentar ser alguien fuerte, no es nada fácil y conlleva muchos sacrificios. Disimular el dolor detrás del antifaz de una sonrisa mal dibujada, es simplemente engañarse a uno mismo, creyendo que de esta forma convencemos al mundo de que somos seres inquebrantables.

No podemos limitar las lágrimas cuando se asoman a nuestros ojos, al igual que un rio que sigue su cause, dejémoslas correr, fluir, pues ellas también tienen su propio destino y siempre dejan al pasar algo nuevo que aprender.

Cada lágrima logra revelar una fortaleza de nuestra personalidad que no conocíamos.

Llorar cuando se siente el deseo de hacerlo no te hace débil, tampoco te ayuda a solucionar el motivo que te impulsa a esto, pero detrás una sesión de llanto puedes descubrir que dentro de ti, habita un ser sensible como una flor con la fortaleza de una roca. Al secar tus lágrimas puedes apreciar las cosas que quizás en un momento no habías notado; y como bien dijo ella, llorar no es mas que una forma de limpiar el alma.