Publicado en Sorbos & Escritos...

Establecer prioridades…

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Y la vida… Con sus altas, bajas, alegrías, tristezas, victorias y fracasos… Sigue adelante, y nunca se detiene; sin embargo hay momentos que nos obligan a hacer una pequeña pausa en la misma, sólo para que podamos poner en orden algunas cosas que no marchan conforme a lo que realmente queremos.

Contínuamente solemos llamar lecciones a todos los momentos “malos” de los cuales hemos sacado algún aprendizaje en nuestras vidas. Y a la medida en que vamos enfrentando estos tipos de situaciones, descubrimos cuales son las verdaderas prioridades de la existencia misma.

Y decir prioridad, es sólo un término en donde se resumen las cosas importantes o que representan algún tipo de urgencia en nuestro vivir. Por tanto es muy saludable llegar a conocer cuales son las cosas que verdaderamente merecen ser incluidas en este renglón.

Generalmente cuando nos toca nombrar las prioridades de nuestras vidas, comenzamos por colocar los nombres de aquellos que significan algo especial para nosotros; luego continuamos con los sueños, proyectos, y un sin número de cosas materiales. Es frustrante tener que atravesar por momentos desafortunados, para entender que las personas no siempre se quedan, que los sueños se quiebran, y que lo material no llena. Luego compruebas que empezaste mal, y que la palabra “Yo´”, es la que debe encabezar tu lista de prioridades.

Cuando logras vivir de acuerdo a tus prioridades, notas que hay muchas cosas innecesarias que consumen tu valioso tiempo; las eliminas, y en tu nueva hoja en blanco comienzas a plasmar lo que de verdad vale la pena. Aprendes a ser firme y dices NO, sólo para decir Si a lo realmente importante. Entonces vas descubriendo el secreto de la felicidad.

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En dos tazas de café…

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Al fin llegó, se acomodó inmediatamente en el lugar que aparté para ella… No la veía desde nuestro último encuentro, justamente aquí, en este Café.

Pero en esta ocasión la noté distinta… Un brillo en sus ojos iluminaba su mirada… Y un intenso carmín adornaba sus labios, que sonrientes mostraban una inmensa alegría.

Confieso que me sentí algo confusa, no era la misma persona que vi en esta mesa, hace ya unos meses atrás… Me preguntaba por dentro, si es que en verdad era ella… Y me alegraba contestarme viendo que era real.

Tomamos café y hablamos un largo rato… Aún no me había dicho la razón de su felicidad… Yo como siempre respetando su espacio, no pregunté nada y la traté de la manera más natural.

Me interrumpió por un momento y alzando su taza, aún con café, me dijo: Toma la tuya y vamos a brindar… Sonreí, y en voz baja le dije: Qué estás haciendo?. Me dijo: Sólo brindo, no lo ves?. Dije: Si. Pero aún no sé por qué?.

Dijo: Quiero brindar por éste día, por estas dos tazas de café… Brindar solamente porque el sol, ha vencido al amanecer… Quiero brindar porque al fin he perdonado… Porque la sonrisa a mis labios ha vuelto otra vez… Brindar por las lecciones aprendidas del pasado… Brindar porque vivo, porque existo y porque en cada día siento que vuelvo a nacer.

Alcé la mia también, y la acompañé… Un brindis, nueva vida y dos tazas de café.

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Y todo se aclara…

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Nos llegamos a sentir claros cuando de repente notamos que, todo aquello que en algún momento despertó en nosotros algo parecido al odio; todo lo que hizo que naciera el amor; todo eso que no salió como queríamos; toda esa gente que nos hicieron felices, aquellas que nos decepcionaron… Son justamente las cosas que nos han puesto en el lugar que ocupamos en el día de hoy… Y sólo por estar en éste día, somos más que bendecidos.

Entonces descubrimos que escapar no es la solución, ni siquiera es una buena alternativa… Entendemos que debemos quedarnos, dar la cara al presente y saber que todo lo nuevo (personas, cosas y momentos) sólo lo será por un momento… Que todo y todos pasan.

Llegamos al punto en donde todo luce como una moneda, que siempre tiene dos lados… Y estará en nosotros mismos, saber cual queremos asumir.

Calamos en nuestro interior y comprendemos que lo que sentimos sólo nos afecta a nosotros mismos… Pero lo que hacemos, acaba impactando todo a nuestro alrededor. Que la amistad es una fraternidad eterna; y que el amor es una amistad en llamas.

Nos aclaramos cuando descubrimos que la vida normalmente está llena de matices grises, y que si vivimos insistiendo entre blanco o negro, siempre vamos a ser infelices… Que de una forma u otra siempre estaremos con quienes amamos… Que debemos elegir el camino, antes de que éste nos elija a nosotros …Y que finalmente, vivir es sólo un viaje que comienza en nuestro corazón.

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Cosas que han cambiado…

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Y es que con el paso del tiempo, los cambios no pueden evitarse; pues llegan de un momento a otro y entran sin tocar la puerta.

Se interponen en nuestros caminos, y no preguntan si estamos preparadas.

En la constante búsqueda de esa dichosa felicidad, que no es mas que un disfraz que usa la seguridad que sentimos por alguien o algo; y por el gran temor de perder eso que creemos nuestro. Ambas hemos sido víctimas o privilegiadas, de que la vida nos haga bailar al son que ella ha dispuesto.

Y son estos cambios los que nos han enseñado a no vivir aferradas a cosas ni a las personas, aunque francamente eso no se termina de aprender nunca.

 Asumir el lugar que ahora ocupamos en nuestras propias vidas, no ha sido una tarea fácil… Pues dentro de todo lo que hoy podemos decir que somos, también hay cosas que no están como quisiéramos y otras en cambio simplemente hemos procurado ignorarlas, por nuestra propia salud emocional, mental y hasta física. Y porque sabemos que es sólo una cuestión de seguir luchando.

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Descubrimiento…

Tomando mí acostumbrada taza de café, recordé que alguien dijo una vez lo siguiente: Para ser feliz sólo necesitas estar donde quieres estar y ser lo quieres ser… Palabras muy sabias.

Esta frase me llevó a analizar que normalmente los seres humanos buscamos más allá de las cosas simples para alcanzar la dichosa felicidad, que ante nuestros ojos se pasea como quien dice: Mírame, aquí estoy; mientras le hacemos caso omiso, porque estamos distraídos complicando todo…

Nos preocupamos por lo que fue ayer, por lo que será mañana… Y el hoy, que en pocos segundos ya pasa a formar parte del ayer, muere lentamente sin que podamos hacer nada para traerlo devuelta.

A veces requerimos de mucho tiempo para entender algunas cosas que ante nuestro razonamiento carecen de comprensión… En cambio otras veces sólo necesitamos de un día, a veces horas, y sentimos como se encienden las luces en nuestras cabezas iluminando todo lo que pensamos.

Limpiamos el cristal y todo se aclara… La profundidad se hace llana, todo fluye.

Te miras a ti mismo y te das cuenta de que te encuentras en lugar que quieres estar, y eres todo lo que realmente quieres ser…  Entonces descubres que eres feliz.

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Ser feliz… Una actitud.

Generalmente optamos por vivir atrapados en una constante irritación, desencanto y frustración; sólo porque las cosas no acostumbran a salir como esperamos. Es cierto que todos tenemos defectos, que no tenemos el poder para manejar algunas situaciones y que en la mayoría de los casos, las mismas no dependen ciertamente de nosotros mismos. Pero esto no puede ser un obstáculo que nos impida ser felices y recordar que sin importar lo solo que podamos llegar a sentirnos, siempre habrán personas que nos admiran, que nos quieren y nos precisan en sus vidas.

Bien nos enseña la vida que ser feliz es sólo cuestión de actitud; si, esa que decides tener ante la vida. Ya que ésta te muestra que la felicidad no es tener un sol brillante en tu cielo todos los días; tampoco es tener un camino despejado, sin piedras; y mucho menos es tener relaciones sin decepciones… La actitud de ser feliz simplemente se basa en adoptar dentro de ti el sentimiento de serlo. Es descubrir la fuerza y el gran poder que tienes sobre ti mismo.

Una actitud feliz, nos encamina al aprendizaje que nos van dejando los fracasos…

Tener una actitud positiva nos ayuda a reconocer que vale la pena estar vivos, respirar y poder estar aun en este mundo, a pesar de todos los retos que tengamos que afrontar.

Si analizamos detenidamente podremos entender que la felicidad no está relacionada de ninguna manera con el destino, ya que la misma es simplemente una conquista de aquellos que saben viajar dentro de su propio ser y descubrir en su interior las cosas maravillosas que poseen.

Cuando optamos por ser felices, y proveernos de esa sensación; es cuando entonces logramos encontrar un oasis en medio del desierto en el que hemos permanecido voluntariamente.

Agradezcamos a Dios cada mañana el milagro de estar vivos y seamos leales a él.

Dejemos que fluya la alegría que tenemos en nuestro ser. No tengamos miedos a los sentimientos, ya que sólo nosotros tenemos el poder para admitirlos o descartarlos en nuestras vidas. Aprendamos a hablar de nosotros mismos, incluso cuando no sea a nuestro favor. Y tengamos el coraje para escuchar un No. Seamos lo suficientemente maduros para decir “me equivoqué”, y tengamos el valor para pedir perdón. Busquemos en nosotros la sensibilidad para expresar un “te necesito” y nunca perdamos la capacidad para decir “te amo”, cuando realmente lo sentimos.

Los caminos no son perfectos, todos tienen piedras con las que podemos tropezar y en muchos casos caernos, mas en cada caída, debemos aprender a levantarnos nuevamente. Tras cada batalla que creamos perdida aprendamos a refinar nuestra paciencia. Si lloramos, usemos nuestras lágrimas para regar la tolerancia y tras cada obstáculo aprendemos a descubrir como se abren las ventanas de la inteligencia.

Dejemos vivir a ese ser que llevamos dentro, con simpleza y total libertad. No encadenemos la alegría de nuestro espíritu y no nos encerremos en lamentaciones.

Nunca digamos no puedo ser feliz, y no desistamos de mantener una actitud de felicidad con nosotros mismos.