Retorno colateral…

En un sorbo de Café

Un día se marchó…

Se fue sin equipaje y se dejó arrastrar por el tiempo, así como hoja de otoño que lleva el viento.

Sabía que no había razones para quedarse, mucho menos para detenerse  en el camino…

Entonces la que dejó en su lugar, le reclamaba a lo lejos su inconcebible actitud… No podía asimilar lo que había encontrado, y entre los escombros trataba de reconstruir lo poco que había quedado.

Y fue entonces cuando al final de esa dura jornada, pudo continuar en paz; ya no había resentimientos… La había comprendido.

Le perdonó los años en los que la mantuvo cautiva cuando quería aire fresco, las tantas lágrimas cuando debió sonreír, callarse cuando necesitó hablar, el no cerrar puertas que no la llevaban a ninguna parte, dejarse en un último plano cuando merecía el primer lugar… Y amarse a sí misma, cuando todos fingían hacerlo.

La otra por su parte se fue tan lejos, que un día quiso regresar a enfrentar lo que había abandonado, y no supo cómo hacerlo porque el tiempo había borrado sus huellas.

A distancia y en silencio se contempla… Se mira al espejo buscando un rasgo de familiaridad y sólo ve sombras de aquella que fue.

Y si el amor…

Sorbo

Y tan sólo por sospechar que el amor pudiera llegar, a solas ensayo mil formas de besar…

Creo un atardecer en plena madrugada, y conjugo en todos los tiempos el verbo amar…

Y tan sólo si es que llegara el amor… Tomo prestado el sol del campo, para hacer cálido cada abrazo.

Si es que de repente llegara el amor… Le sumo un viernes a cada semana, y tejo caricias entre mis sabanas.

De la pradera absorbo el verdor… Y la más bella estrofa a cada canción de amor.

Pero sólo si llegara el amor… Acumulo amaneceres al filo de la aurora… Y en cada gota de rocio humedezco la intensión de un beso tibio.

Y sólo si el amor llegara…  Abro puertas y ventanas… Le robo un rayito a la luna y dejo encendida la ruta que lleva a mi alma.

Y fue el destino…

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Todo comenzó aquel día… Ella salió apresurada, con el sol tostando sus mejillas… Era casi medio día, cuando el destino impaciente le preparaba la siguiente jugada.

Todo ocurrió de repente… No hubo tiempo para reaccionar. El corazón parecía querer salir del pecho. Una especie de miedo rondaba por su cuerpo. Lo que ocurriría después, era inevitable.

Y allí estaba él, como león que observa a su presa… Cauteloso, paciente y ansioso… Así como tierra árida implorando a la lluvia caer.

Bastaron sólo unos minutos… Todo cambió. A partir de ahí nada fue lo mismo. Un hola, un nombre, un rumbo, una despedida… Una llamada repentina a las 3 de la tarde, un riesgo, un paso más… Se confabularon sol y playa para dejarse llevar como olas en el mar.

Y fue así como hicieron el camino que hoy recorren juntos… Comprobando en cada paso que lo mejor aún está por venir. Que en este punto mirar hacía atrás sólo sirve para darse cuenta de lo lejos que han podido llegar, y que vale la pena seguir adelante.

J y S

Antología…

Antología

Y contemplaba la luna cuando el sol galantemente le cedió el paso a esa noche que apenas comenzaba…  Su resplandor acarició mi rostro y no pude contener el deseo de sentirte aquí…

Recostada en aquel viejo sofá, recordé las tantas madrugadas de aquel abril, cuando los besos aún eran frescos, así como las primeras flores de mayo.

El aroma a café recién tostado que emanaba de tu piel, embriagaba mi ser y hacía rebosar mi locura.

Era deliciosa aquella sensación, cuando tu respiración erizaba cada uno de mis poros, y anulaba mis cinco sentidos.

Entonces el resto no importaba… Todo sobraba, nada faltaba.

Sólo era preciso ser y estar…

El ambiente se creaba cuando tu mirada buscaba mi cara, y nuestros ojos se decían las cosas que nuestros labios callaban.

Abrumada en mis recuerdos, sonreí con la misma intensidad que tenían aquellos momentos, cuando a nuestro alrededor todo parecía desaparecer y sólo quedábamos tú y yo… Entonces el tiempo se detenía, y jugaba a ser cómplice de aquello que sucedía cuando se apagaba la luz y podíamos vernos el alma.

Soledad…

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Recuerdo que no quería ver el día en que llegaras…

Era tanta la incertidumbre que me provocaba la posibilidad de que estuvieras a mi lado, que evitaba a toda costa hacer cosas que apresuraran tu llegada. Te temía a horrores. Eras como una condena no merecida para mí. Sospechaba que cuando vinieras, no me dejarías vivir en paz.

Y fue así cuando inevitablemente apareciste aquel día… Me resistí a la idea de tener que darte la bienvenida… Pero no tuve alternativas; ahí estabas tú, justo detrás de esa puerta, esperando a que la abriera para ser un huésped más, en éste, mi espacio.

Gran sorpresa la mía, cuando comencé a conocerte… Pude ver que más que un castigo, eras como una bendición…

Hiciste que pudiera ver cosas en mí, más allá de lo que a simple vista se logra. Conseguí hurgar en mis adentros y descubrir que estar a tu lado, es como vivir en un enorme espacio, en donde siempre está claro, puedo respirar libremente y aire siempre es limpio.