Ellas… Mujeres.

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Y la vida las fue llevando de un lugar a otro… Circunstancias diversas, fueron forjando las memorias que hoy orgullosas, y con un aire de cierta victoria, llevan escritas con tinta indeleble en cada uno de sus corazones.

Son ellas las que al encontrar piedras en sus caminos, no sólo aprendieron a seguir, aún con el dolor de haber tropezado; si no, que muchas de ellas, no tuvieron otra opción que llevar a cuestas alguna de esas piedras.

Ellas que con sus sonrisas, saben ocultar el dolor que callan sus labios, pero que gritan sus ojos… Las que tienen las palabras exactas para aconsejar; las que saben guardar silencio cuando queremos hablar… Las que llevan sus heridas, tatuadas como estrellas en su alma, y cual si fuesen guayacanes, se doblan, pero nunca se parten. Esas que siempre están ahí; y son capaces de transformarse en lo que se necesite para el momento. Hijas, madres, hermanas, amigas, esposas… O simplemente MUJERES.

He tenido el privilegio de conocer sus historias… Las he visto llorar, y me sorprende ver como se hacen más fuerte con cada lágrima que derraman. También las he visto reír, y he llegado a ver iluminarse todo el entorno con sus anchas sonrisas.

Unas más jóvenes que otras… Con diferentes creencias… Y distintas historias… Pero con algo en común… El espíritu firme y en pie de lucha, en busca de sus objetivos.

Hoy las miro con admiración y son para mi como una eterna fuente de sabiduría… Pues, de cada una he tenido algo valioso que aprender…

Gracias por la existencia de cada una… Y por dejarme pertenecer de una forma u otra en sus agitadas vidas.

H.M / M.E / C.M / C.H / S.A / M.E.P / E.S / M.P / A.A / Y.C / Y.N / P.G. / E.Q / H.O / M.M / M.P.V

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Entre tinta y un papel…

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Iba saliendo con cierta prisa… Apenas cerré la puerta noté que debajo de mis pies había un sobre blanco.

Lo tomé y vi que el remitente tenía el nombre de ella. Vaya sorpresa para mi, pues desde que se crearon los correos electrónicos, ya nadie escribe cartas con tinta en un papel…

Busqué las llaves dentro de mi bolso, pero mi curiosidad era tanta, que desistí, y preferí caminar hacia el parquecito más cercano; Sentada, bajo la sombra de aquel frondoso árbol, abrí el sobre y comencé a leer.

Amiga…

Sé que ha pasado tiempo desde aquel último encuentro… Pido disculpas por no devolver tus llamadas, y por no responder tus mensajes. Sé que la última vez que hablamos te dejé un poco desconcertada; Admito que luego de eso, las cosas no marcharon como había esperado. Por eso me aislé, por eso no quise hablar, ni ver a nadie. No es excusa, pero así lo sentí, y espero que me entiendas.

Sé que te dará gusto saber que ya me siento mejor… Y no lo digo por este momento; ya que es algo que he ido experimentando durante muchos días consecutivos. Las cosas han cambiado mucho por aquí… Te informo que ya no vivo por aquel lugar; cambié de residencia hace poco… Corté mi pelo… También le alteré el color… Tengo un nuevo empleo… Pinto mis uñas todos los días, de un color diferente… Sigo escuchando música al mismo volumen escandaloso de siempre… No me quedo encerrada los fines de semanas… Paso horas viendo películas… Y ya no lloro.

Todo esto no significa que he olvidado… Es simplemente que he aprendido a recordar sin dolor. Este tiempo a solas en donde me sentía perdida, me ha servido para encontrarme conmigo misma. Y he vuelto a descubrir tras ese manto de tristeza, a la mujer radiante y feliz que siempre he sido.

Todo esto se lo debo primero a Dios, porque me ayudó a mantener la fe… A mi familia, porque siempre he sentido su apoyo… Al tiempo, porque sabiamente ha sabido darme las respuestas que necesitaba… Y sobre todo a ti; porque incondicionalmente siempre has estado ahí.

Sólo puedo decir… Gracias.

Te quiere,

Tu amiga.

Al concluir estas líneas, sonreí… Y al mismo tiempo sentí una lágrima resbalando por mis mejillas…Pero ésta era sólo de satisfacción, por el deber cumplido… Porque al fin mis oraciones fueron escuchadas, y ella finalmente había encontrado paz.

No me contuve, y como toda mujer, quería escuchar los detalles… Tomé el teléfono, marqué su número; ella contestó emocionada y hablando de todo nos dieron las diez.

Silencio, lágrimas y un café…

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Salimos con prisa de la vieja estación de tren… La lluvia nos perseguía como si de algún modo intentara alcanzarnos.
Cruzamos la calle y nos acomodamos en la mesita redonda, que se encontraba en la esquina de aquel antiguo Café.

Empapadas completamente ordenamos nuestras acostumbradas tazas de café… Mientras esperabamos, ella rompió a llorar, sin importar que su maquillaje se corriera en frente de todos.

No quise preguntar, porque sinceramente sería redundar… las razones no me eran desconocidas… Ambas sabiamos que en ese momento, el silencio era lo mejor.

Llegó el café; y entre sorbos mirábamos la lluvia caer…

Quebré el silencio al decirle que todo estaría bien… Ella me miró fijamente y respondió con un “lo sé”.

No dije una silaba mas, y me limité a mirarla llorar mientras se enfriaba su café…

En medio de sollozos, y con palabras entre cortadas me dijo: Sé que sabes lo mal que me siento, sé que conoces cómo duele una herida; pero es difícil que sepas exactamente lo que pasa conmigo por dentro… En realidad nadie lo sabe; y muchas veces hasta yo misma lo ignoro.

Asentí con mi cabeza, y no agregué nada mas… Dejé que fuese su boca la que hablara, pues sabía que mi papel era escuchar, los gritos de un alma que no puede mas… Junto a ella lloré yo también.

No duele mas…

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Y solemos llegar al punto en donde no importa nada… Y ese nada no puede doler mas de lo que debe doler.

Y sin importar lo que importe, seguimos adelante aunque nos sangren los pies…No nos detenemos a voltear para observar las heridas… Pues ya luego habrá tiempo para ver las llagas.

Con la opción de dar vuelta atrás, preferimos continuar… Doliendo el dolor, sangrando la herida… No importa mas.

Total no se siente… Y de tanto doler se cura la herida… Se cura o se muere, pero tiene final.

Nada es eterno, ni siquiera el dolor… Se sufre un buen tiempo, se llora al vapor…

Todo pasa, todo queda, todo llega y después se va… Nada es seguro sólo el ahora, y después de un segundo al pasado pertenecerá…

El ayer se transforma en un huésped de doble cara… Te da la buena, te da la mala, y por mas que quieras, nunca se va.

Sigues adelante… Lo que duele no podrá doler mas… Se sangra la herida, se sufre o se muere, pero llega al final… Porque nada es eterno, y no importa ya.

Hoy medito…

No quisiera que hoy fuese ayer… Pues con todo lo bueno y malo que me ha tocado vivir, no dejo de estar agradecida con Dios todos los días, por las infinidades de cosas que me ha brindado.
He reído, he llorado, he amado, y hasta se podría decir que he odiado, aunque este último sentimiento ha sido efímero en mis adentros, ya que he aprendido conforme el paso del tiempo, que el agua se deja correr, que las cosas se dejan fluir, que el amor no se ruega y que la verdad no se grita, pués al final se deja escuchar en el más sublime de los silencios y como un corcho siempre sale a flote…
Si la felicidad se mide en momentos, puedo decir que he sido feliz, y puedo asegurar que mucho.
La vida, mi vida, me ha concedido la dicha mas grande que pueda tener cualquier mujer, ser madre… Dándome así el privilegio de escuchar el “Te Amo” más sincero, puro y cálido que exista, de los labios infantiles de mi hija.

Yo, como hija soy la más afortunada, porque tengo un padre y una madre que con toda dedicación, amor y tolerancia, han hecho de mi la mujer que soy en el día de hoy. Como amiga me he entregado por completo, siendo en cada momento aquella que dice presente, que aconseja, o que simplemente calla, para escuchar.
Ser mujer, me ha llevado a experimentar la oportunidad de conocer el amor, ese que se da entre dos seres que se encuentran en la vida y anidan sus almas, para crear de dos, una sola. Ese amor que sólo se siente una vez, el que se torna fuerte como roca, con la fragilidad de una flor… Ese que se va más allá del contacto de dos cuerpos que entre besos y caricias se funden hasta el punto de tocarse más alla del alma. Pero debo confesar que ha sido ese mismo amor, el que ha provocado en mí las lágrimas más hondas, la angustia más terrible, y que aún estando de mi presencia, me ha dejado sola…

He dado mucho, probablemente más de lo que he recibido, mas no me quejo, pués aquellos seres que estamos acostumbrados a dar, damos porque siempre tenemos algo para ofrecer; Contrario de aquellos que sólo se conforman con recibir, y que se encuentran tan vacíos, que nada tienen para dar, porque ni para sí mismos poseen…

A pesar de todo aún sonrío, y no hay día que no dé gracias a Dios, hasta por las cosas que no alcanzo a comprender. A pesar de las traiciones, sufrimientos y decepciones, creo en la vida, creo en mi, y estoy confiada en que detrás de cada tormenta, hay una calma que espera…