Y llovió…

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Llueve… Y aunque se haya escapado de tu memoria, alcanzas a recordar haber leído por ahí, que se avecinaría un mal tiempo… Pero como no crees en los pronósticos, decidiste salir porque el día estaba soleado.

Como siempre, el clima se mofa de ti, y vuelve a reírse en tu cara… Mientras te empapas con cada gota de agua que sobre tu cuerpo cae, te repites sin cesar, que jamás olvidarás llevar siempre contigo el paraguas. Porque la primera vez puede ser una sorpresa… La segunda, es falta de precaución… Pero la tercera ya es costumbre, y no puede ser catalogada como coincidencia.

Se puede amar la lluvia… Pero el derrame imparable de agua, puede hacer que se desborde, el más quieto manantial…

Se puede querer al Sol… Pero una exposición en exceso, sobre todo cuando se está al descubierto, puede incluso hasta quemar…

Por eso es que la misma naturaleza no se cansa de enseñarnos, que dar todo sin medida… Puede llegar a dañar.

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Buscando una razón…

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Y es que el problema no es encontrar una razón, porque razones siempre hay de más…

Insistentemente vivimos deseando que llueva si el día esta muy soleado… Sólo por el hecho de que sentimos calor… En cambio si llueve añoramos que salga el sol.

Y es que siempre es así; sin importar cómo, sin importar qué… Buscamos siempre una razón para amarrarnos a la vida o para desprendernos de ella. Y mientras buscamos motivos, el tiempo pasa, la vida sigue y terminamos encontrando lo perdidos que estamos.

Nunca estamos conformes… Contemplamos con admiración la belleza del mar, pero nos aterra la idea de entrar al agua.

Nos miramos al espejo y notamos que no nos estamos haciendo mas jóvenes… Que hace apenas un segundo el hoy pasó a ser parte del ayer, y que todo lo que tenemos se llama AHORA… Entonces dejamos de buscar la razón, y los motivos van perdiendo valor… Porque sólo queremos vivir.

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A orillas de la indecisión…

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Y vuelves a estar a la orilla del rio que ayer cruzaste… La diferencia en esta ocasión, es simplemente saber, que ya no puedes ensayar su profundidad con ambos pies.

Si el agua está fría… Si la corriente cesó… Saber si en su fondo hay peces, saber si están vivos o no.

No basta quedarte parado, adivinando lo que vendrá; si es que quieres llegar al otro lado, debes arriesgarte a nadar…

Cruzar e ir mas allá; buscando lo que de lejos divisas, queriendo aquello que no posees… Un sueño, paz, y al fin la tranquilidad, de saber lo alto que puedes llegar…

Y no sólo por decir que pasaste al otro lado… Debes disfrutar el trayecto que vas construyendo al nadar… Sentir la sensación del que navega con sus propios brazos, haciendo un alto apenas para descansar…

Y esperar siempre lo mejor, mientras te preparas para lo peor… No es pesimismo, se llama precaución… Es un poco de egoísmo, es una pequeña muestra de amor… De ese que se siente de uno para sí mismo, de ese que no se brinda.