Irreversible…

En un sorbo de cafe

Resulta cómodo cuando todo se encuentra a nuestro favor y sentimos que el universo conspira para que cada cosa vaya ocupando el lugar que le corresponde…

Cuando eso ocurre todo resulta fácil, no hace falta pensar ni analizar ninguna decisión, todo va fluyendo así como nos gusta, así como queremos.

Pero esa magia dura poco; chocamos de repente con la realidad de un mundo tan imperfecto como nosotros, en el que de vez en cuando nos toca echarnos al mar, romper el equilibrio que brinda la tierra y abandonarnos a lo que sucederá después…

Y es ahí cuando llega el momento de saber que tan buenos marineros somos; Izamos las velas… Tomamos el control del timón y seguimos adelante; porque no hay mejor opción, es ahora. No importa lo grande que sea la tormenta, estamos conscientes de que esto sigue, y que de eso se trata, ir sin vuelta atrás aunque no divisemos la orilla. 

Anuncios

A sorbos de café…

En un sorbo de Cafe

Casi todo el que me conoce coincide al describirme como alguien que sabe escuchar… Creo, y sin dejar a un lado la humildad, que ésta es una de las virtudes que logro proyectar con más facilidad; aclarando que últimamente no tiendo a mostrar mucho de mi, y quizás es porque a duras caídas la vida me ha enseñado que es mejor así.

Escuchando, he aprendido tantas cosas que en dos vidas no alcanzaría a saber.

Cada cabeza es un mundo, ciertamente no hay dudas de eso… Cada persona es una historia que se renueva en cada paso y basta con prestar un poco de atención para descubrir las diferencias y similitudes que tenemos en común. A pesar de que nos resulta muy fácil juzgar las acciones ajenas, es casi seguro que de encontrarnos en la misma posición de los demás actuaríamos igual o de peor manera.

Entonces seamos más realistas, sinceros; y no señalemos a nadie aunque no estemos de acuerdo con la razón de su proceder… Recordemos ser amables, empáticos y sobre todo humanos. Porque diariamente cada uno está librando una batalla personal en soledad y generalmente su alrededor lo ignora.

Restos…

 
Se suponía que cuando fuéramos grandes las cosas iban a ser mejor… Es lo que todos pensamos cuando la inocencia aún forma parte de nosotros.

Para qué es que queríamos ser adultos?

Ciertamente he tratado de disfrutar cada etapa de mi vida; saber que cada una de ellas ha tenido su encanto… Pero a veces, así como tú y como cualquiera, me remonto a mis niñez y hago remembranza de cuando mi preocupación más grande era no saber por cuales nombres llamaría a mis muñecas.

Recuerdo jugar a ser una de ellas… Ahí en ese pequeño mundo que con facilidad fabricaba en mi cabeza todo era maravilloso; la gente amaba sin falsedades, los amigos eran verdaderos y no existía la vanidad.

En ese mundo todo era alegría, y se lloraba sólo por felicidad. No había engaños, ni burlas. Nadie era superior al otro.

Hoy me lleno de tanta impotencia por ser testigo de cosas que me resultan absurdas… Me entristezco con tanta maldad.

Pero toca crecer! 

Ser parte involuntaria de este desorden.

Y la empatía…

En un sorbo de Cafe

Recuerdo haberle citado en el lugar acostumbrado… Ese café de la esquina en frente del parque.

Llegó tarde como habitualmente lo hace; le vi los ojos colmados de dudas, miedo y dolor.

Sabiendo que no necesitaba contarme lo que estaba pasando, le hablaba mientras me miraba fijamente como quien busca una respuesta que conteste mil preguntas.

Le decía que la vida y vivir no es tan complicado como hacemos que parezca… Que las cosas por las que pasamos no suceden porque seamos buenas personas o no; pues sólo son circunstancias. Y las mismas muchas veces no suelen estar bajo nuestro absoluto control. Continué…

Relacionarse no es difícil… Lo tortuoso comienza cuando intentamos que los demás se asemejen a nosotros, cuando pretendemos que mágicamente actúen, piensen y sientan como lo haríamos. Cuando no entendemos que cada persona arrastra una historia, y para cada quien ya existe una idea de cómo quiere que fuese el futuro.

Entonces sucede que por razones que nunca conoceremos llega el momento de coincidir en el camino, poniendo todo de revés; y debido al egoísmo involuntario que llevamos dentro, así como la manía de idealizar todo, quisiéramos desaparecer la historia que estos llevan a cuestas (hasta la nuestra) y no comprendemos todas las piezas que posiblemente deban reubicar en su presente para darnos un lugar en él, y sobre todo en ese futuro que tal vez ya había sido planeado, sin nosotros.

Su sonrisa me dio la certeza de que ya no habían más preguntas…

Tomamos nuestro café.

La última gota…

En un sorbo de Cafe

Le había dicho en ese momento que lo mejor era soltar las amarras y dejar que ese barco navegara en otros mares… Buscara otra orilla.

Que lo más sano es tener presente que en la vida nada es permanente… Que todo se mantiene en una constante evolución; las cosas, el mundo y la gente.

Entonces de qué serviría tanto esfuerzo en querer hundir el ancla en tu arena, cuando el otro ha izado sus velas.

Se encuentre el viento a favor o no, cada quien tiene el derecho de elegir la pared en donde se impactará. Después de todo somos el resultado de nuestras decisiones.

La acción de aislarse y buscar respuestas mirando al cielo, se convierte en algo tan innecesario… Pues todo está bastante claro en nuestro interior, sea que nos guste o no.

Es sensato comprender que quedarse sin querer es una forma de partir…

Ir a donde no te esperan, implica que nunca llegarás… 

Conservar lo que no tienes es un acto de locura… Pretender ignorar lo que se sabe, es el desquicie final de nuestra cordura.

Así concluí.

Déjà vu…

En un sorbo de cafe

Ella sabía, no necesitó que se lo dijera, tampoco que el tiempo la ayudara a descubrirlo… Lo había leído en su mirada en la primicia de aquella primavera.

Las palabras no tenían el mismo sentido… Pero las seguía escuchando atentamente; como si de esa manera tratara de encontrar en ellas una pizca de realidad.

El calor de cada abrazo se fue haciendo hielo… Tras cada acercamiento, símil como agua estancada por el frío.

Para entonces no existía forma de ir en reversa; ya habían muchas huellas por borrar en el camino…

Un te quiero… Dulce amargo. Y ese beso que erizaba cada poro de su cuerpo; no por deseo, sino de miedo. Ese que se siente en la piel cuando sabes lo que pasará y duele hasta en los huesos porque no es lo que esperas.

En aquel juego peligroso pasaron los días… Ella fingiendo vivir. Él siendo suicida en su propia mentira, por la cobardía de no asesinarla con esa verdad.